1Louvae ao Senhor. Cantae ao Senhor um cantico novo, e o seu louvor na congregação dos sanctos.
2Alegre-se Israel n'aquelle que o fez, gozem-se os filhos de Sião no seu rei.
3Louvem o seu nome com flauta; cantem-lhe o seu louvor com adufe e harpa.
4Porque o Senhor se agrada do seu povo; ornará os mansos com a salvação.
5Exultem os sanctos na gloria, alegrem-se nas suas camas.
6Estejam na sua garganta os altos louvores de Deus, e espada de dois fios nas suas mãos,
7Para tomarem vingança das nações, e darem reprehensões aos povos;
8Para aprisionarem os seus reis com cadeias, e os seus nobres com grilhões de ferro;
9Para fazerem n'elles o juizo escripto; esta será a gloria de todos os sanctos. Louvae ao Senhor.
📖 Estudio del capítulo
Resumen
Un cántico que invita a Israel a alabar a Dios con danza e instrumentos musicales, celebrando que Dios se complace en su pueblo, pero incluyendo también una imagen guerrera poco común: "espadas de dos filos" en las manos de los santos para ejecutar juicio sobre naciones opresoras.
Explicación
Este penúltimo salmo del salterio combina la alabanza festiva (danza, pandero, arpa) con lenguaje de batalla, reflejando la expectativa israelita de que Dios, a través de su pueblo, traería la justicia final contra naciones opresoras — una imagen que debe leerse dentro del contexto de esperanza de liberación nacional de la época, y no como incentivo a la violencia religiosa arbitraria. La mención específica a la "danza" (v.3) como forma de adoración muestra que la alabanza bíblica incluía expresión física y corporal, no solo palabras o música. La aplicación hoy es que celebrar a Dios puede (y debería) involucrar todo el cuerpo y toda la alegría disponible, no solo la reflexión silenciosa.
Curiosidades
- La danza como forma de adoración (v.3) se menciona en varios otros textos bíblicos, incluyendo la danza de David delante del arca en 2 Samuel 6:14, mostrando que la expresión física era parte legítima del culto israelita.
- Este es el penúltimo salmo del libro, parte de la secuencia final de los cinco "salmos de Aleluya" (146-150) que cierran todo el salterio con alabanza creciente.