1¡Alaben al Señor! ¡Alaben a Dios en su lugar santo! Alábenle en la gran extensión del cielo!
2¡Alábenle por sus grandes obras! ¡Alábenle por su grandeza!
3¡Alábenle con sonido de trompetas! ¡Alábenle con liras y arpas!
4¡Alábenle con panderetas y danza! ¡Alábenle con instrumentos de cuerdas y flautas!
5¡Alábenle con el sonar de los címbalos, con címbalos sonoros!
6¡Que todo lo que respire alabe al Señor! ¡Alaben al Señor!
📖 Estudio del capítulo
Resumen
El gran final de todo el libro de Salmos: un llamado explosivo y repetitivo para alabar a Jehová con trompeta, salterio, arpa, pandero, danza, cuerdas, órganos y címbalos, concluyendo con la frase más abarcadora de todas: "todo lo que respira alabe á JAH".
Explicación
Este último salmo funciona como una gran doxología final no solo para los cinco salmos de Aleluya (146-150), sino para todo el libro de Salmos en su conjunto, mencionando prácticamente cada tipo de instrumento musical conocido en la época israelita (viento, cuerdas, percusión) como formas legítimas de expresar alabanza a Dios. La frase final, "todo lo que respira alabe á JAH", amplía la invitación más allá de Israel, más allá de los instrumentos, hasta incluir a toda criatura viva capaz de respirar. La aplicación hoy es que el objetivo final de todo el recorrido espiritual descrito en los 150 salmos — pasando por lamento, duda, guerra, arrepentimiento y alegría — es, al final, un corazón y una vida enteramente dedicados a la alabanza.
Curiosidades
- Este salmo menciona al menos siete instrumentos musicales diferentes (trompeta, salterio, arpa, pandero, cuerdas, órganos/flautas y címbalos), siendo una de las listas más completas de instrumentos de toda la Biblia.
- Como último capítulo de todo el libro de Salmos, este texto se entiende tradicionalmente como el clímax de todo el recorrido emocional del salterio — desde el lamento más profundo (Salmo 88) hasta la alabanza más irrestricta y universal.