Ezekiel 3

KJV · Capítulo 3/48

1Moreover he said unto me, Son of man, eat that thou findest; eat this roll, and go speak unto the house of Israel.

2So I opened my mouth, and he caused me to eat that roll.

3And he said unto me, Son of man, cause thy belly to eat, and fill thy bowels with this roll that I give thee. Then did I eat it; and it was in my mouth as honey for sweetness.

4And he said unto me, Son of man, go, get thee unto the house of Israel, and speak with my words unto them.

5For thou art not sent to a people of a strange speech and of an hard language, but to the house of Israel;

6Not to many people of a strange speech and of an hard language, whose words thou canst not understand. Surely, had I sent thee to them, they would have hearkened unto thee.

7But the house of Israel will not hearken unto thee; for they will not hearken unto me: for all the house of Israel are impudent and hardhearted.

8Behold, I have made thy face strong against their faces, and thy forehead strong against their foreheads.

9As an adamant harder than flint have I made thy forehead: fear them not, neither be dismayed at their looks, though they be a rebellious house.

10Moreover he said unto me, Son of man, all my words that I shall speak unto thee receive in thine heart, and hear with thine ears.

11And go, get thee to them of the captivity, unto the children of thy people, and speak unto them, and tell them, Thus saith the Lord God; whether they will hear, or whether they will forbear.

12Then the spirit took me up, and I heard behind me a voice of a great rushing, saying, Blessed be the glory of the Lord from his place.

13I heard also the noise of the wings of the living creatures that touched one another, and the noise of the wheels over against them, and a noise of a great rushing.

14So the spirit lifted me up, and took me away, and I went in bitterness, in the heat of my spirit; but the hand of the Lord was strong upon me.

15Then I came to them of the captivity at Tel–abib, that dwelt by the river of Chebar, and I sat where they sat, and remained there astonished among them seven days.

16And it came to pass at the end of seven days, that the word of the Lord came unto me, saying,

17Son of man, I have made thee a watchman unto the house of Israel: therefore hear the word at my mouth, and give them warning from me.

18When I say unto the wicked, Thou shalt surely die; and thou givest him not warning, nor speakest to warn the wicked from his wicked way, to save his life; the same wicked man shall die in his iniquity; but his blood will I require at thine hand.

19Yet if thou warn the wicked, and he turn not from his wickedness, nor from his wicked way, he shall die in his iniquity; but thou hast delivered thy soul.

20Again, When a righteous man doth turn from his righteousness, and commit iniquity, and I lay a stumblingblock before him, he shall die: because thou hast not given him warning, he shall die in his sin, and his righteousness which he hath done shall not be remembered; but his blood will I require at thine hand.

21Nevertheless if thou warn the righteous man, that the righteous sin not, and he doth not sin, he shall surely live, because he is warned; also thou hast delivered thy soul.

22And the hand of the Lord was there upon me; and he said unto me, Arise, go forth into the plain, and I will there talk with thee.

23Then I arose, and went forth into the plain: and, behold, the glory of the Lord stood there, as the glory which I saw by the river of Chebar: and I fell on my face.

24Then the spirit entered into me, and set me upon my feet, and spake with me, and said unto me, Go, shut thyself within thine house.

25But thou, O son of man, behold, they shall put bands upon thee, and shall bind thee with them, and thou shalt not go out among them:

26And I will make thy tongue cleave to the roof of thy mouth, that thou shalt be dumb, and shalt not be to them a reprover: for they are a rebellious house.

27But when I speak with thee, I will open thy mouth, and thou shalt say unto them, Thus saith the Lord God; He that heareth, let him hear; and he that forbeareth, let him forbear: for they are a rebellious house.

📖 Estudio del capítulo

Resumen

Ezequiel come el rollo, que sabe dulce como la miel, y es enviado a la casa de Israel. Dios lo convierte en 'atalaya' (centinela) responsable de advertir al pueblo, y queda mudo por un tiempo, hablando solo cuando Dios abre su boca.

Explicación

La figura del atalaya (vigía de la muralla) era conocida por todos en la época: su función era gritar al ver que el peligro se acercaba, y si no gritaba, sería responsabilizado por las muertes evitables. Dios usa esa imagen para explicar la responsabilidad del profeta: advertir claramente, aunque nadie escuche. El silencio impuesto a Ezequiel simboliza que él solo habla cuando Dios lo capacita, no por iniciativa propia. Esto recuerda que advertir a alguien sobre un peligro, aunque sea incómodo, es un acto de cuidado, no de juicio.

Curiosidades

  • La dulzura del rollo, a pesar de su contenido triste ('endechas, lamentación y ayes'), muestra que recibir la palabra de Dios trae alegría interior incluso cuando el mensaje es de corrección.
  • El papel de 'atalaya' de Ezequiel es retomado casi palabra por palabra en el capítulo 33, mostrando la importancia central de este tema en el libro.

Explicación versículo por versículo

  1. Ezekiel 3:1Comer el rollo es una puesta en escena, no una comida de verdad: Dios manda al profeta a tragarse el mensaje antes de anunciarlo, como si necesitara hacerse parte de él por dentro antes de salir por su boca. El sabor dulce como la miel resulta extraño, considerando que el contenido es de lamento: muestra que aceptar la misión le trajo a Ezequiel alguna satisfacción, aun sabiendo que la tarea sería dura.
  2. Ezekiel 3:2Ezequiel obedece y abre la boca para comer el rollo: la puesta en escena comienza de verdad, sin ninguna vacilación de su parte.
  3. Ezekiel 3:3Se come el rollo entero, y el sabor en su boca es dulce como la miel: a pesar del contenido triste, aceptar la misión de hablar por Dios le trae cierta satisfacción, incluso antes de sentir el peso de la tarea.
  4. Ezekiel 3:4Después de comer el rollo llega la orden práctica: ir hasta el pueblo de Israel y decir exactamente las palabras que Dios le dio, ni más ni menos.
  5. Ezekiel 3:5Dios deja claro que la dificultad de la misión no es de idioma: Ezequiel no va a predicarle a extranjeros que no entienden su lengua, sino a su propio pueblo, que entiende cada palabra y aun así se resiste.
  6. Ezekiel 3:6Con ironía, Dios dice que pueblos extranjeros desconocidos prestarían más atención al mensaje que el propio Israel: el problema no es de comunicación, es resistencia deliberada.
  7. Ezekiel 3:7Rechazar a Ezequiel es, en la práctica, rechazar al propio Dios: el profeta es solo el mensajero, pero el rechazo al mensaje alcanza a quien lo envió.
  8. Ezekiel 3:8Para enfrentar tanta resistencia, Dios promete volver al propio Ezequiel tan obstinado como el pueblo al que va a confrontar: necesitará una terquedad a la altura para no rendirse.
  9. Ezekiel 3:9La comparación sube de tono: la frente de Ezequiel se volverá más dura que la piedra, símbolo de una determinación inquebrantable frente a la hostilidad que le espera.
  10. Ezekiel 3:10Antes de mandar a Ezequiel a hablar, Dios insiste en que él mismo absorba bien cada palabra: solo quien de verdad escuchó y guardó el mensaje puede transmitirlo después.
  11. Ezekiel 3:11La misión se dirige específicamente a los exiliados, el propio pueblo de Ezequiel en Babilonia, y el resultado, otra vez, no depende de que ellos escuchen o no.
  12. Ezekiel 3:12Al final de la visión, un sonido poderoso levanta a Ezequiel, y él escucha una especie de alabanza a la gloria de Dios: «Bendita sea la gloria de Jehová desde Su lugar», como si la escena estuviera cerrándose y la presencia divina regresando a donde pertenece.
  13. Ezekiel 3:13El ruido de las alas y de las ruedas se repite aquí, los mismos sonidos descritos en el capítulo 1: es la confirmación de que toda la visión, con las criaturas y el trono, se está alejando.
  14. Ezekiel 3:14Después de la visión, Ezequiel pasa siete días sentado en silencio, atónito, en medio de los exiliados en Tel-abib. No es pereza ni huida: siete días era el tiempo tradicional de luto en el mundo judío, así que el texto dice que la visión lo dejó devastado como a quien perdió a alguien.
  15. Ezekiel 3:15Ezequiel llega al campamento de exiliados llamado Tel-abib y pasa siete días sentado, sin poder reaccionar: siete días era el tiempo tradicional de luto, lo que muestra cuánto lo sacudió la visión.
  16. Ezekiel 3:16Solo después de ese período de shock Dios vuelve a hablarle a Ezequiel: la misión de centinela, descrita en los versículos siguientes, llega después de que él procesa lo que había visto.
  17. Ezekiel 3:17La imagen del «centinela» (atalaya) se usa para explicar el papel del profeta: él no es responsable de lo que la gente decide hacer, solo de avisar a tiempo. Si avisa y nadie escucha, la culpa no es suya; si no avisa, sí lo es.
  18. Ezekiel 3:18Si Ezequiel deja de avisarle a alguien que hace el mal, y esa persona muere sin haber sido advertida, la responsabilidad recae sobre el profeta: el lado pesado de ser «centinela» del pueblo.
  19. Ezekiel 3:19Si el profeta avisa y la persona, aun así, no cambia, entonces la culpa pasa a ser solo de ella: el aviso dado ya libera a Ezequiel de la responsabilidad.
  20. Ezekiel 3:20La misma lógica vale incluso para quien ya era considerado justo: si esa persona empieza a fallar y no es advertida, el profeta responde por ello, aunque su historial anterior fuera bueno.
  21. Ezekiel 3:21Otra vez, lo que importa es el aviso dado: avisando a tiempo, el profeta cumplió su parte, siga la persona en lo correcto o no.
  22. Ezekiel 3:22Comienza una nueva escena: la presencia de Dios vuelve a apoderarse de Ezequiel, quien recibe la orden de ir a un valle, donde recibirá más instrucciones.
  23. Ezekiel 3:23En el valle vuelve a aparecer la misma visión grandiosa del capítulo 1, y Ezequiel reacciona igual que antes: cae con el rostro en tierra frente a ella.
  24. Ezekiel 3:24Después de levantarlo una vez más, Dios le da una orden extraña: Ezequiel debe encerrarse dentro de su casa, el inicio de restricciones físicas que van a marcar esta etapa de su vida.
  25. Ezekiel 3:25Dios anuncia que el propio pueblo va a atar a Ezequiel, limitando sus movimientos, probablemente una reacción hostil a su mensaje, usada aquí como parte de la puesta en escena que Dios permite.
  26. Ezekiel 3:26Quedarse mudo por un tiempo, retomado más adelante en el capítulo 24, no es un castigo cualquiera: es otra puesta en escena, que muestra al pueblo que la palabra de Dios solo vuelve a circular cuando Él lo decide, no cuando el profeta quiera. Ese silencio forzado dura, en la historia del libro, hasta que llega la noticia de la caída de Jerusalén, en el capítulo 33.
  27. Ezekiel 3:27Cuando Dios quiera, va a destrabar la boca de Ezequiel para que hable de nuevo; hasta entonces, sigue vigente el silencio forzado del versículo anterior, y le toca a cada oyente decidir si quiere escuchar.

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