Día 20 — Sanidad para el Corazón
Habla con tu propia alma
“¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te conturbas en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar; es él salvamento delante de mí, y el Dios mío.”
Salmos 42:11
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Hay días en que la tristeza habla más fuerte que todo dentro de ti, y le crees cada palabra. Aprende hoy algo que hizo el salmista: él conversó con su propia alma. En lugar de solo escuchar el desánimo, le respondió. “¿Por qué te abates, alma mía? Espera en Dios.” Esto no es negar el dolor — él reconoció el abatimiento. Es no dejar que el dolor tenga la última palabra. Puedes reconocer lo que sientes y, en el mismo aliento, recordarle a tu alma de dónde viene la esperanza. Cuando los pensamientos te jalen hacia abajo hoy, no te lo tragues todo en silencio. Háblate a ti misma con la verdad de Dios: “esto duele, pero no es el final; todavía voy a alabar”. A veces, la sanidad comienza cuando dejamos de solo escuchar el miedo y empezamos a predicarnos esperanza a nosotras mismas.
Oración
Señor, cuando la tristeza grite dentro de mí, ayúdame a responder con tu verdad. Mi alma espera en Ti. Todavía voy a alabarte. Amén.