Día 54 — Paz en Lugar de Ansiedad

El ancla de tu alma

“La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que entra hasta dentro del velo;”

Hebreos 6:19

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La esperanza en Dios se compara con un ancla. Y qué imagen tan perfecta para quien vive ansioso o ansiosa. Un barco sin ancla es juguete de las olas: va hacia donde el viento lo empuja, se sacude con cada tormenta, a la deriva. Así es como se siente la mente ansiosa: sacudida por cada mala noticia, arrastrada por cada "y si", sin suelo firme. El ancla no impide que las olas lleguen; impide que el barco sea arrastrado por ellas. La esperanza en Dios funciona así: no promete un mar siempre calmo, pero mantiene tu alma sujeta a algo firme mientras pasa la tormenta. ¿Y dónde se fija esa ancla? No en el fondo movedizo de las circunstancias, sino en la fidelidad inmutable de Dios, que no cambia con el viento. Las olas de la vida seguirán llegando, pero tú no estás a la deriva. Tu alma está anclada en Aquel que no se mueve. Hoy, cuando sientas que estás siendo sacudida, recuerda que tienes un ancla "segura y firme". Las olas mecen el barco, pero no sueltan el ancla. Estás sujeta a Dios, y Él no se mueve.

Oración

Señor, en el mar agitado de mi mente, Tú eres mi ancla. Las olas me sacuden, pero no me arrastran, porque estoy sujeta a Ti. Afirma mi alma. Amén.

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