Día 9 — Sanidad para el Corazón

No estás solo ni sola en esto

“Sean las costumbres vuestras sin avaricia; contentos de lo presente; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré.”

Hebreos 13:5

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La soledad es una de las partes más crueles del dolor. Aun rodeada de gente, puedes sentirte profundamente sola — como si nadie supiera exactamente qué pasa dentro de ti, y tal vez nadie lo sepa en verdad. Pero existe una compañía que no te abandona cuando los demás se van a dormir, cuando las visitas terminan, cuando el teléfono queda en silencio. Dios prometió, con una doble negación que no deja dudas: no te dejaré ni te desampararé. Él no promete estar contigo solo en los días buenos. La promesa vale para la madrugada sin sueño, para el domingo solitario, para la hora en que nadie llama. Puede que te sientas olvidada por el mundo, pero no estás olvidada por el cielo. Donde falla la presencia humana, permanece la presencia de Dios. Nunca estuviste, y nunca estarás, verdaderamente sola ni solo.

Oración

Señor, cuando la soledad apriete, recuérdame que Tú no te vas. Gracias por ser la compañía que nunca me abandona. Quédate conmigo hoy. Amén.

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