Día 55 — Sanidad para el Corazón

Cuidar de otra alma herida

“Por lo cual, consolaos los unos á los otros, y edificaos los unos á los otros, así como lo hacéis.”

1 Tesalonicenses 5:11

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Hay un momento, en la sanidad, en que la mirada comienza, naturalmente, a volverse hacia afuera otra vez —y eso también es señal de que estás sanando. No te estoy apurando: solo ayudas cuando ya tienes de dónde dar. Pero, a medida que tu corazón se rehace, Dios puede usar exactamente tu dolor como lo que te capacita para tocar a otra persona herida. Esa cicatriz tuya, que creíste que era solo sufrimiento, se convierte en credencial: entiendes a quien llora porque también lloraste. Sabes qué decir y qué no decir, qué ayuda y qué lastima, porque lo viviste en carne propia.

Hay una sanidad especial que ocurre cuando consolamos a alguien —es como si, al secar la lágrima del otro, parte de la nuestra también se secara. Cuando te sientas lista, y solo cuando te sientas lista, mira a tu alrededor. Siempre hay otra alma en la noche en la que tú ya estuviste. Tu historia puede ser la luz que ella necesita para creer que va a amanecer.

Oración

Señor, cuando yo esté lista, usa mi dolor para consolar a alguien. Que mi cicatriz se convierta en esperanza para otra persona herida. Haz de mi historia un refugio. Amén.

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