Día 37 — Sanidad para el Corazón
La herida se convierte en cicatriz
“Mas él herido fué por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados.”
Isaías 53:5
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Hay una diferencia entre una herida y una cicatriz. La herida está abierta, sangra, duele al tacto, necesita cuidado constante. La cicatriz todavía marca la piel, pero ya no sangra — es señal de que la sanidad ocurrió. Tal vez estés empezando a notar ese cambio en ti: lo que antes te derribaba solo con recordarlo todavía incomoda, pero ya no te destruye como antes. Eso es sanidad ocurriendo. No significa que la marca desapareció; significa que dejó de mandar en tu vida. Jesús, después de resucitar, todavía tenía las marcas de las manos — cicatrices glorificadas, prueba de que el amor venció al dolor. Tus cicatrices también cuentan una historia: la de que sobreviviste, la de que Dios te sanó. No te avergüences de ellas. Una cicatriz no es señal de que fuiste débil; es prueba de que sanaste.
Oración
Señor, gracias porque mi herida se está convirtiendo en cicatriz. Sana lo que todavía duele y enséñame a mirar mis marcas sin vergüenza. Por tus llagas, soy sanada. Amén.