Día 28 — Sanidad para el Corazón

Perdonarte a ti misma

“Porque si nuestro corazón nos reprendiere, mayor es Dios que nuestro corazón, y conoce todas las cosas.”

1 Juan 3:20

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A veces la persona más difícil de perdonar eres tú misma. Repasas lo que hiciste, lo que dejaste de hacer, las palabras que dijiste o callaste, y el corazón te condena sin parar. La culpa se convierte en una voz que nunca te da tregua. Pero escucha esta verdad liberadora: Dios es más grande que tu corazón. Cuando tu conciencia te acusa sin piedad, Dios ofrece misericordia. Si Él, que lo conoce todo — incluso lo que escondes —, eligió perdonarte, ¿quién es tu corazón para condenarte más que Él? No tienes derecho de cobrarte a ti misma una deuda que Dios ya decidió perdonar. Cargar una culpa que Dios ya quitó es rechazar el regalo que Él te dio. Hoy, deja que la misericordia de Dios calle la voz que te acusa. Si Dios te perdonó, tú también tienes permiso de perdonarte.

Oración

Padre, mi corazón no deja de acusarme. Pero Tú eres más grande que él. Recibo tu perdón y me doy permiso de soltar la culpa. Libérame, Señor. Amén.

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