Día 25 — Sanidad para el Corazón
Soltar el peso que te lastima
“Toda amargura, y enojo, é ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia: Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.”
Efesios 4:31-32
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Tal vez alguien te haya herido de una manera que todavía duele recordar. Y es justo decirlo: el dolor que te causaron fue real, y Dios lo ve. Hablar de perdón aquí no es decir que lo que te hicieron no tuvo importancia — la tuvo. Perdonar tampoco es fingir que no sucedió, ni dejar que esa persona te lastime de nuevo. El perdón es, ante todo, un regalo que te das a ti misma: es soltar la cadena que te ata a lo que te hirió. La amargura es un veneno que bebemos pensando que va a herir al otro, pero quien se enferma es nuestro propio corazón. No necesitas cargar esa rabia para siempre — pesa demasiado para un corazón que ya está cansado. Hoy, sin prisa, comienza a entregarle a Dios lo que te hicieron. No para olvidar, sino para liberarte.
Oración
Señor, te traigo lo que me hirió. Tú lo viste, y dolió. Ayúdame a soltar la amargura que pesa en mí — no por el otro, sino por mi propia paz. Amén.