Día 23 — Sanidad para el Corazón

La tristeza no es falta de fe

“Y lloró Jesús.”

Juan 11:35

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El versículo más corto de la Biblia lleva uno de los mayores consuelos. Frente a la tumba de un amigo, sabiendo que lo resucitaría minutos después, Jesús lloró. El mismo Hijo de Dios, lleno de fe y poder, lloró ante la pérdida. Esto acaba de una vez con una mentira que tal vez te acuse: la de que llorar es señal de poca fe. Si lo fuera, Jesús no habría llorado. El dolor y la fe habitan juntos en el mismo corazón; uno no anula al otro. Puedes creer firmemente en Dios y llorar una pérdida profundamente. Ambas cosas son verdad al mismo tiempo. Jesús no te pide que finjas que no duele. Él llora contigo. Hoy, si vienen las lágrimas, déjalas venir sin culpa. Estás en compañía santísima. El Dios que enjuga lágrimas también sabe derramarlas.

Oración

Jesús, gracias porque Tú mismo lloraste. Mis lágrimas no te decepcionan. Llora conmigo y, en tu tiempo, enjuga mi rostro. Amén.

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