Día 85 — Devocional para el Matrimonio
La Vid y los Hijos
“Tu mujer será como parra que lleva fruto á los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivas alrededor de tu mesa.”
Salmos 128:3
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Hay una imagen hermosa en el Salmo 128: la persona como vid fructífera. La vid no produce fruto sin cuidado, sin sol, sin raíces profundas. Pero cuando está bien cuidada, hace abundante el hogar.
Tú eres esa vid en tu hogar. No en el sentido de perfección, sino de presencia viva. Lo que llevas dentro — fe, amor, paz, alegría — se derrama sobre el matrimonio, sobre los hijos, sobre el ambiente de la casa. Tú importas más de lo que piensas.
Y así como la vid necesita cuidado para dar fruto, tú también necesitas ser cuidada. Por Dios, en primer lugar. Por los momentos de silencio con Él, por la Palabra que te alimenta, por la oración que echa raíces. Cuando estás bien en Dios, tienes más para dar.
Cuídate como cuidas el matrimonio. Tu salud espiritual es el suelo de donde crecen los frutos.
Oración
Señor, quiero ser una presencia fructífera en mi hogar. Cuida mis raíces — mi vida contigo — para que lo que se derrame sobre mi matrimonio sea vida, paz y amor. Amén.