Día 57 — Paz en Lugar de Ansiedad
El Dios de toda consolación
“Bendito sea el Dios y Padre del Señor Jesucristo, el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolación, El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar á los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios.”
2 Corintios 1:3-4
🎧 Escucha esta reflexión
Hay un propósito escondido incluso en tu lucha con la ansiedad, y es hermoso. La Palabra dice que Dios te consuela en tu tribulación "para que" tú puedas, después, consolar a otras personas que pasen por lo mismo. Es decir: el dolor que estás atravesando no se desperdiciará. Lo que aprendes ahora, en el consuelo que recibes de Dios, se convertirá algún día en el abrazo que le darás a otra persona que sufra de ansiedad; y nadie consuela mejor que quien ya estuvo en el mismo pozo y fue rescatado. Tu historia de miedo y sanidad tiene un destino más grande que tu propio alivio: se convertirá en esperanza para alguien. Esto transforma el sentido de tu sufrimiento. No estás solo sobreviviendo; estás siendo preparada para socorrer. Hoy, recibe la consolación de Dios con las manos abiertas, sabiendo que no se queda en ti, sino que se desborda. Un día, del otro lado de esta travesía, mirarás atrás y entenderás: Dios te consoló para que tú consolaras. Tu dolor habrá valido como puente hacia la paz de otra persona.
Oración
Padre, consuélame en mi tribulación. Y haz de mi dolor un camino de esperanza para otras personas. Que el consuelo que recibo de Ti, algún día, se desborde en mí. Amén.