Día 18 — Paz en Lugar de Ansiedad
Abre las manos en oración
“Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias.”
Filipenses 4:6
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Fíjate en el intercambio que propone la Palabra. No dice solamente "no seas ansioso o ansiosa" — porque ordenar dejar de sentir no funciona. Dice: en vez de ansiedad, oración. Cada vez que la preocupación suba, conviértela en conversación con Dios. La ansiedad es una oración vuelta hacia adentro, repasando el problema contigo misma, mil veces, sin llegar a ningún lado. La oración es el mismo problema, pero vuelto hacia afuera — entregado a Alguien que puede actuar. Es la misma energía, pero con el destinatario correcto. Fíjate también: "en toda" y "por nada". Nada es demasiado pequeño para llevárselo a Dios, y nada es demasiado grande para que Él lo aguante. Hoy, haz una prueba. Cada vez que te sorprendas dándole vueltas a una aflicción, deténte y di en voz alta: "Señor, esta preocupación la convierto en petición." Abre las manos como quien suelta lo que apretaba. La diferencia entre una noche ansiosa y una noche en paz muchas veces es solo esa: a quién le contaste tu miedo.
Oración
Señor, dejo de darle vueltas y empiezo a orar. Lo que me consume por dentro, te lo entrego en petición. Recibe mis peticiones y aquieta mi corazón. Amén.