Día 275 — Más Cerca de Dios — 365 Días
Amor que perdura
“La caridad nunca deja de ser: mas las profecías se han de acabar, y cesarán las lenguas, y la ciencia ha de ser quitada;”
1 Corintios 13:8
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Llegamos al final de este mes de amor al prójimo y perdón — y Pablo lo resume todo en cuatro palabras: el amor nunca deja de ser.
¿Qué se acaba? Los dones pasan. Las lenguas cesan. El conocimiento que tenemos hoy parecerá parcial cuando llegue la eternidad. Pero el amor — ese, el de 1 Corintios 13, el que sufre, cree, espera, soporta, no guarda rencor, no busca lo suyo — ese nunca deja de ser.
Esto no es romanticismo. Es promesa. El amor que viene de Dios, que pasa por ti, que llega al prójimo — ese amor tiene peso de eternidad.
A lo largo de este mes, fuiste invitada a perdonar — tal vez cosas antiguas, tal vez cosas recientes. A soportar con paciencia. A honrar al otro. A llevar cargas juntas. A hacer las paces. A amar sin exigir a cambio. A ser misericordiosa.
Nada de eso es pequeño. Todo eso es construcción de algo que perdura.
El amor que elegiste practicar este mes — aunque haya sido difícil, aunque el sentimiento no llegara primero, aunque costara algo — ese amor no desaparece. Se queda. Crece. Transforma.
Y es de Dios. Lo que es de Dios nunca deja de ser.
Oración
Señor, gracias por este mes. Por cada invitación a amar mejor, a perdonar más profundamente, a ser más misericordiosa. Que el amor que practicamos aquí no se quede en el devocional — que sea real en mi vida, todos los días. Amén.