Día 213 — Más Cerca de Dios — 365 Días

El Toque que Sana

“Y extendiendo Jesús su mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y luego su lepra fué limpiada.”

San Mateo 8:3

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Al leproso nadie lo tocaba. La enfermedad lo hacía intocable —por la ley, por la cultura, por la sociedad. Vivía al margen, a distancia, sin el calor de un abrazo o de una mano que se extendiera hacia él.

Y Jesús lo tocó. Antes de decir la palabra de sanidad, extendió la mano y lo tocó. Lo que sanó primero, tal vez, no fue la piel —fue el corazón de quien nunca era tocado.

Hay heridas que necesitan el toque de Dios —no un consejo, no una explicación teológica, no un versículo memorizado. Solo el toque. La presencia real, cálida, cercana de Dios que dice: "No estás solo(a). Aquí estoy."

Deja que Dios te toque hoy. En el lugar de la herida, en el lugar de la vergüenza, en el lugar donde ya nadie más llega. Él extiende la mano y dice: quiero; sé sana.

Oración

Jesús, extiende Tu mano sobre el lugar en mí que más necesita Tu toque. Sana lo que solo Tú puedes sanar. Amén.

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