Día 186 — Más Cerca de Dios — 365 Días
Un Llanto que Tiene Consuelo
“Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.”
San Mateo 5:4
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A nuestra cultura no le gusta mucho el llanto. "No llores", "sé fuerte", "mira hacia adelante" — son las frases que escuchamos cuando aparece el dolor. Pero Jesús dijo algo completamente diferente: bienaventurados los que lloran.
Esto no significa que el dolor sea bueno en sí mismo. Significa que quien llora será consolado. Hay una promesa ligada a las lágrimas — no a las que reprimimos, sino a las que dejamos caer delante de Dios.
Llorar delante del Padre es un acto de confianza. Es decir: "No estoy bien, y sé que Tú eres lo suficientemente grande para sostener esto conmigo." Es una forma de oración sin palabras.
Si estás pasando por una temporada de llanto — por una pérdida, por una decepción, por un sueño que no llegó — sabe que ese llanto no es debilidad. Es el comienzo de un encuentro con el Consolador. Y Él no falla. El consuelo llega.
Oración
Dios, hoy dejo que mis lágrimas caigan delante de Ti. Ya no voy a reprimirlas más. Consuela mi corazón con Tu presencia. Amén.